OPINIÓN

Nombrar Bien, es Gobernar Bien

Por: Juan Carlos Jara

Los gobiernos comienzan a definirse mucho antes de ejecutar su primer gran proyecto. Se definen en los nombramientos. En las señales. En los perfiles que eligen para administrar el poder.

Y en ese punto, los recientes movimientos alrededor de Nasry Asfura merecen una lectura serena, técnica y desapasionada.

No se trata de simpatías.

Se trata de arquitectura institucional.

Gobernar no es improvisar. Gobernar es construir equipos que transmitan certeza, experiencia y estabilidad. Los nombramientos que hemos visto no responden a cuotas emocionales ni a impulsos coyunturales; responden a una lógica de orden, gradualidad y control del riesgo. Y eso, en un país que ha vivido sobresaltos políticos innecesarios, es una virtud estratégica.

Cuando un liderazgo entiende que la confianza no se impone, sino que se construye, elige perfiles que sepan administrar procesos, no incendiar escenarios.

Y Honduras necesita procesos.

 

 

El Congreso y la prudencia productiva

En paralelo, el papel del Congreso Nacional de Honduras;  ha sido determinante. Bajo la conducción de Tomas Zambrano, hemos visto una dinámica que privilegia pasos seguros sobre protagonismos ruidosos.

Zambrano ha entendido algo que muchos olvidan: el Congreso no es un escenario de confrontación permanente; es un espacio de construcción normativa. Prudencia no es debilidad. Prudencia es método.

Las decisiones legislativas que buscan estabilidad jurídica, previsibilidad económica y fortalecimiento institucional son el verdadero cimiento del desarrollo. Sin reglas claras, no hay inversión. Sin inversión, no hay crecimiento. Y sin crecimiento, no hay bienestar.

 

El país necesita partidos fuertes

Hay un dato político que no debe ignorarse: más del 80% de los votantes expresó en las urnas su desacuerdo con el rumbo anterior del Partido Libertad y Refundación, al que muchos ciudadanos percibieron como ineficiente en la gestión pública.

Ese mensaje no puede trivializarse.

Pero tampoco debe traducirse en triunfalismo.

Si Honduras quiere estabilidad real, necesita fortalecer institucionalmente a sus dos partidos históricos: el PNH y el PLH.

No desde la confrontación vacía.

Sino desde la modernización interna, la profesionalización de cuadros y la consolidación doctrinaria.

Los partidos débiles generan gobiernos débiles.

Los partidos fragmentados producen improvisación.

Los partidos institucionalizados generan previsibilidad.

 

Y la previsibilidad es el activo más valioso para un país que quiere atraer inversión, fortalecer su economía y recuperar confianza ciudadana.

 

 

Desarrollo no es discurso; es estructura

Como consultor en estrategia y arquitectura institucional, lo afirmo con claridad: ningún proyecto de país prospera si no descansa sobre instituciones sólidas, equipos técnicos competentes y liderazgos capaces de escuchar sin perder conducción.

El desarrollo sostenible no nace del conflicto permanente.

Nace del equilibrio entre firmeza y prudencia.

Los recientes nombramientos y la dinámica legislativa muestran una intención clara: ordenar primero, avanzar después.

Y esa lógica, aunque no genere titulares ruidosos, genera algo mucho más importante: confianza.

Honduras no necesita más polarización.

Necesita madurez política.

Necesita partidos fuertes, un Congreso responsable y un Ejecutivo que comprenda que gobernar es administrar expectativas con realismo.

Si ese camino se sostiene, estaremos frente a una etapa distinta: menos improvisación y más arquitectura.

Y eso, en términos estratégicos, es siempre el primer paso hacia el desarrollo.

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba