
«Soy inocente, siempre lo sostuve», asegura a Libertad Digital el expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández. Hace apenas unos meses que recuperó la libertad. Fue indultado el 1 de diciembre de 2025 por su homólogo estadounidense, Donald Trump, al considerar que había sido tratado «con dureza e injusticia». Según ha señalado durante la entrevista, pasó casi cuatro años en la cárcel por culpa de una campaña de «persecución política».
Hernández, que fue presidente de su país durante dos mandatos, fue extraditado en abril de 2022 a Nueva York para enfrentarse a distintos cargos relacionados con el narcotráfico. En marzo de 2024, fue condenado a 45 años de prisión. «Nunca quise negociar», destaca a este periódico, «enfrenté el juicio». «Siempre tuve la convicción de que la libertad me iba a llegar porque la verdad saldría a la luz», añade el político conservador.
Juan Orlando Hernández afirma que su encarcelamiento fue el resultado de una «operación política» puesta en marcha por «narcotraficantes —líderes de la izquierda radical hondureña, del Partido Libre, y también del régimen de Nicolás Maduro— a quienes mis acciones y las de mi equipo destruyeron sus imperios». «Obviamente contaron con el apoyo de líderes del Partido Demócrata«, asevera a LD.
«Salieron huyendo de Honduras para negociar con el Departamento de Justicia de Estados Unidos y reducir sus penas. Algunos de ellos ya salieron libres, habiéndose hecho responsables de 56 muertes uno de ellos», argumenta. «Si algo se comprobó en mi juicio es que no existía ninguna prueba material contra mí. Únicamente el testimonio de personas que habían sido afectadas por las decisiones que yo tomé».
«Ahora hemos visto que existen vídeos desde el año 2013, cuando yo competía con la izquierda radical de Honduras, en los que el cuñado de la candidata Xiomara Castro aparece negociando con los capos de la droga de mi país», añade. «Y no solo no les acusaron a ellos sino que me acusaron a mí, sin un solo vídeo o audio, ni llamadas telefónicas, ni documentos, ni absolutamente nada. Buscaban protegerlos a ellos y pavimentar el camino para que la izquierda radical llegara al poder en Honduras, como en efecto llegó en el año 2021″.
La negociación con los demócratas
«Hay algo que lo confirma claramente», afirma en referencia a unas declaraciones en las que Gilberto Ríos ‘el Grillo’, del Partido Libertad y Refundación (Libre), dice que seis meses antes de las elecciones su candidata fue llamada a una reunión en la Embajada de Estados Unidos y «ahí negociamos».
Fue después de que, el 28 de junio de 2021, la ya expresidenta de Honduras —Xiomara Castro— avisara de que «uno de los planes del Gobierno era juntarnos con China», explica el dirigente de izquierdas. «No había terminado de decirlo cuando ya había recibido la invitación de la Embajada norteamericana a su WhatsApp«, asegura. «Esa misma semana hubo reunión».
«Los norteamericanos mostraron su preocupación porque de alguna forma estaban perdiendo terreno frente a China muy aceleradamente en toda América Latina», detalla Ríos, «eso les ha hecho un cambio radical en su política internacional». Lo que querían, según explica, era que mantuvieran relaciones con Taiwán y se olvidaran del gigante asiático.
«Imagínense la oferta: vamos a reconocer su triunfo, como no lo hicimos en 2013 ni en 2017; nos vamos a llevar a Juan Orlando, al ‘Tigre de Bonilla’ y a todos sus secuaces«, relata. «Cualquiera dice: sí, hombre. Pero eso no nos hace proimperialistas», se justifica el representante de Libre.
Los reconocimientos a Hernández
«Y cumplieron», exclama el Grillo. Juan Orlando Hernández fue extraditado a Estados Unidos unos meses después de que saliera del poder. Al expresidente de Honduras todavía le cuesta entender el giro de la Administración de Joe Biden, quien le reconoció públicamente su labor contra el narcotráfico, hasta el punto de «arriesgar su vida y la de su familia», cuando era vicepresidente con Barack Obama.
Reconocimiento que también llegó de la mano del secretario de Seguridad Nacional interino de los Estados Unidos, Chad F. Wolf, tras un encuentro con Hernández que mantuvieron en 2021. E incluso del Interdiction Committee, comité de interdicción de drogas del hemisferio occidental, que le agradeció su cooperación en materia de seguridad y narcotráfico ya en 2014.
«Cuando usted revisa los cables desclasificados, en mi juicio, yo encuentro palabras que ellos me decían, unas en reuniones privadas y otras en público, como que representa al Gobierno con el que más efectivamente y cercanamente habían trabajado en la lucha contra el narcotráfico en toda la historia de la relación de Honduras y Estados Unidos», explica Hernández.
¿Por qué y cuándo cambió?
«La situación empieza a cambiar cuando llega el presidente Trump a la Casa Blanca (en su primer mandato, 2014) y comenzamos a trabajar en lo que era un esquema de seguridad regional por el tema de la migración ilegal y también del crimen organizado», asegura. «Inmediatamente comienzan los ataques de la parte de la izquierda radical de Estados Unidos».
No obstante, él afirma que «a los demócratas nunca les gustó que nosotros, en Honduras, usáramos las fuerzas militares en la lucha contra la violencia». «Ellos querían que solo fuera con la Policía. Pero en esa época estaba tan comprometida con el crimen organizado que los mismos policías buenos nos decían que no se podía si no se depura o reestructura primero», argumenta.
«Tuvimos que sacar casi el 60% de la Policía y la repotenciamos con los años», explica el exmandatario hondureño. De esa manera, «pasó de apenas un 5% de aprobación de la población, antes de que yo fuera presidente, a un 75%». Es decir, «casi los mismos niveles que las Fuerzas Armadas del país han tenido siempre», añade.
«Otro tema que no les gustó fue una ley de protección de espacios aéreos que hicimos porque salían muchos vuelos ilegales del sur del continente, principalmente de Venezuela, cargados de droga», indica. «Teníamos la evidencia de las trazas satelitales», afirma, «y caían como moscas». «Pero no nos apoyaron», lamenta.
«Sí me ayudaron con el escudo marítimo y terrestre», reconoce. «El objetivo era blindar a Honduras para que no pasara la droga porque de cada diez eventos violentos en el país, ocho estaban relacionados con el narcotráfico», detalla. «Pero esa diferencia de políticas no les gustó y me convertí en una especie de elemento que usaban los demócratas para atacar la Administración de Trump«.
Durante la entrevista concedida a Libertad Digital, Juan Orlando Hernández explica que tuvo que llamar al embajador venezolano en Honduras en varias ocasiones durante su etapa como presidente. Uno de los principales escollos en la relación entre ambos países era «la diáspora» que llegaba desde el país andino, «con la queja de que no se respetaban los resultados electorales, la persecución política y los graves problemas económicos».
Otro era precisamente el narcotráfico: «los vuelos ilegales cargados de droga, pero también los barcos cargados de cocaína que llegaban a las costas hondureñas». «Le dije cinco veces al embajador que nosotros necesitamos el apoyo de ustedes para que eso no nos llegue aquí», asegura. «A la quinta vez ya le dije: ante el silencio de su Gobierno, entiendo que ustedes no nos van a ayudar, tiene 72 horas para abandonar el país». «Rompimos relaciones en 2019», asevera Hernández.
«En mi discurso ante Naciones Unidas, denuncié al régimen de Nicolás Maduro y sus socios en Honduras, que los dirige el expresidente Manuel Zelaya Rosales, porque financiaban las protestas que incendiaban las calles de mi país y también por los temas de narcotráfico», explica. «Entonces la izquierda de Nicolás Maduro y la de Honduras montaron una campaña para atacarme a mí y desviar la atención de los verdaderos vínculos de los líderes de la izquierda radical hondureña con los capos de la droga», argumenta.
«Lo hicieron con la ayuda de algunos elementos de Estados Unidos. Aparecen en un vídeo que está en manos del Departamento de Justicia y nunca los acusaron. A mí sí, sin tener absolutamente nada contra mí». «Habrá que esperar ahora a que comience el juicio contra Nicolás Maduro para ver qué otra información sale. Pero claro que llegaba dinero a Honduras del régimen de Venezuela, para efectos políticos».
«No solamente es en Honduras, en Estados Unidos también se está usando la justicia como arma política. Y eso no debe ser. Por eso yo estoy en esta cruzada de que se conozca mi caso», señala el expresidente latinoamericano, «invito a la gente a que lo estudie, a que investigue, a que mire los documentos en fuentes abiertas que existen en internet». «Yo estoy produciendo un libro y un documental», adelanta en declaraciones a Libertad Digital.
Su experiencia en la cárcel
«Casi el primer mes entero lo pasé en una celda de una unidad que le llamaban ‘para los terroristas’. Allí usted no sabe cuándo es de día o cuándo es de noche. No tiene contacto con nadie, solamente cuando le llegan a dejar la comida. A mí no me permitían salir a caminar. Solo una vez y después de que yo protesté», relata Hernández.
«De ahí me pasaron a una unidad digamos de protección, de personas que pueden tener un alto riesgo o que —como yo— en el otro lugar de la cárcel —donde estaba la población en general— pueden encontrarse con personas conectadas al crimen organizado (carteles, maras y pandillas) que habían sido perjudicadas por decisiones que había tomado en Honduras», explica.
«Por último, faltando cinco días aproximadamente para que tomara posición el presidente Trump, me mandaron a una de las cárceles más peligrosas de Estados Unidos, donde prácticamente todos los días hay acuchillamientos y donde varios presos fueron francos y me dijeron: Presidente, vos no deberías de estar aquí«, asegura. «Aquí hay grupos que tienen como regla no permitir la permanencia de nadie que haya tenido que ver con la ley y el orden. Tu vida corre peligro«.
«En un momento determinado, me pidieron que me fuera a una determinada celda. Y cuando ya iba para allá, alguien me paró y me dijo: la persona que está ahí pertenece a un grupo y si le ordenan hacerte daño, que te asesinen, lo va a hacer, por muy amigo que sea tuyo», relata. «Usted tiene que entender que si yo recibo una instrucción y no la cumplo, a mí me lo van a hacer también», admitió esa persona. «Me da la impresión que me mandaron a esa cárcel para silenciarme«, sentencia el expresidente hondureño.
¿Volverá a la política?
Juan Orlando Hernández quiere regresar a su país, aunque es consciente de que —si lo hace— debe tener cuidado. «Espero gozar de la protección del Estado», señala. Aunque si algo tiene claro es no volverá para «participar en la vida política», asegura cuando le preguntamos si ha pensado sobre ello o incluso en la posibilidad de presentarse a las elecciones presidenciales previstas para 2029. «No me interesa», dice tajante.
Una cosa es que, como expresidente, en algún momento puedan pedirle asesoramiento o consejo. «Es inevitable», exclama. Pero su absoluta prioridad en este momento es «reencontrarme con mi familia y aprovechar el tiempo». «Durante mis 12 años de vida política, desgraciadamente uno la descuida», reconoce. «Ya tengo dos nietas que cuando yo me vine estaban bebés, y no quiero perderme esta etapa».
Por otra parte, el exmandatario hondureño tiene por delante la tarea de publicar su primer libro y realizar un documental, que «ahora me doy cuenta de que requiere mucho de mi tiempo». «Además, ya hay un nuevo liderazgo en mi Partido. Y espero que les vaya bien. También lo hay en otras formaciones políticas de Honduras, y yo creo que debo ser respetuoso con ellos», añade. «Los expresidentes que hubo antes que yo lo fueron, y eso lo aprecio mucho».





