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Mel, Rixi y la Pichu ayudados por Roosevelt Hernández ingresaron a INFOP para boicotear elecciones

Según un informe la neutralidad institucional de las Fuerzas Armadas fue violentada por Roosevelt Hernández el pasado 17 de diciembre de 2025.

Tegucigalpa, Honduras – Cuando aún fungía como Jefe del Estado Mayor Conjunto, Hernández utilizó su autoridad para ordenar a un coronel de su confianza, estratégicamente posicionado en el INFOP, que facilitara el ingreso clandestino de Rixi Moncada, Manuel Zelaya y su hija al recinto electoral. Esta acción no solo representa un abuso de poder, sino una transgresión directa a la seguridad del material electoral y a la confianza del pueblo hondureño en sus instituciones.

La complicidad de los dos oficiales señalados en el INFOP es una mancha para el honor militar y una ruptura con su juramento constitucional. Siguiendo órdenes directas de Hernández, estos coroneles intentaron coaccionar al resto de sus compañeros para validar una entrada ilegal en horas de la noche.

Ante la negativa de los oficiales íntegros, uno de los cómplices llegó al extremo de ocultar su identidad militar con pasamontañas y ropa civil para negociar en las sombras con los líderes políticos, demostrando que su lealtad no está con la patria, sino con los intereses particulares del ahora Ministro de Defensa.

Lo ocurrido esa noche evidencia una operación de inteligencia política disfrazada de resguardo militar. Resulta sumamente sospechoso que, durante estos encuentros furtivos, los visitantes cuestionaran con insistencia el número de efectivos y los dispositivos de seguridad interna del INFOP.

Roosevelt Hernández, al coordinar estos movimientos, ha convertido a oficiales de alto rango en operadores políticos, poniendo en riesgo la integridad del escrutinio y utilizando la estructura de las Fuerzas Armadas como una extensión de la plataforma partidaria de los involucrados.

Mientras esta confabulación ocurría, la tropa quedaba en el abandono. Esa misma noche, dos militares resultaron heridos por explosivos lanzados por manifestantes, sin que Roosevelt Hernández se dignara a mostrar el más mínimo apoyo o solidaridad con sus subalternos

Esta indiferencia confirma que para la actual gestión del Ministerio de Defensa, la vida y la dignidad del soldado son prescindibles, siempre y cuando se cumplan los objetivos políticos de quienes intentaron irrumpir en el centro de custodia electoral bajo el amparo de la oscuridad.

El nuevo Jefe del Estado Mayor Conjunto no puede ser cómplice con su silencio ante este acto de traición institucional. Es urgente que se aclare si existe una investigación en curso sobre estos coroneles que actuaron de forma clandestina y bajo qué argumentos legales Roosevelt Hernández sigue coordinando acciones que vulneran la ley.

 

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