
El congreso se está diluyendo en forma acelerada como le ocurre a las pompas de jabón. Creer que pueden convertirnos en “estado cristiano”, leer la Biblia obligatoriamente, dar baleadas; o aumentar los días de descanso para las parturientes son tiros al aire.
Creen que somos tontos. Esa es una forma infantil de perder el tiempo, olvidando lo toral. La tarea es muy clara: hay que reconstruir los daños legales que produjo Mel, Xiomara y Redondo en la vida institucional, empezando por el Congreso.
Hay que modificar el reglamento interno, iniciar los juicios políticos a Mel, Redondo, Hernández, Ochoa, Zelaya y Morazán.
También reformar la ley electoral para devolver el poder al municipio y al departamento. Y empezar por derribar el populismo de derecha y devolver el país al programa de reformas que urge para garantizar su desarrollo.
Hay que reestablecer la comunicación entre los diputados –los mandaderos– con el pueblo, el mandatario. Y en lo formal, darle al congreso el carácter de órgano deliberativo, quitándole la imagen de mercado en que mientras discuten los disputados, comen, beben café, se rascan las posaderas, se suenan los mocos y dejan de prestar atención a las deliberaciones porque están manejando sus celulares.
El congreso no es un mercado. Es el foro del pueblo que todos debemos respetar. La obligación primera es de los diputados mismos. Devolverle la majestad al foro más importante de la democracia.
Hay que castigar a los que fraguaron el golpe electoral. De lo contrario, estamos demostrando que aquí, con el poder, cualquiera cosa se puede hacer y nunca se castiga a nadie, animando así a los que nacieron para irrespetar la ley y destruir las instituciones republicanas que pueden seguir haciéndolo, porque entre nosotros priva la indefensión de los
El congreso debe mostrar valentía y compromiso con sus obligaciones constitucionales y en la aplicación de la ley. De lo contrario, terminaremos creyendo que los diputados democraticos son unas gallinas que le tienen miedo a Mel, Xiomara, Roosevelt Hernández, Luis Redondo, Marlon Ochoa y Johel Zelaya.
El reto está planteado. No creo que le tengan miedo al diputado Mario Portillo (PLR) que dice que “ Ni a Tomas Zambrano, ni a Nasry Asfura le conviene estar con la vara corta con Libre( …) si quieren paralizar este entonces pongan el juicio político de nuestros funcionarios y nosotros vamos a salir a las calles a defenderlos”. Y que no le acepten el reto amenazante. Sabiendo que Mel ha perdido fuerza, no tiene los empleados públicos y Cevallos se ha quedado sin empleo y ahora no pueden movilizar a los colectivos que están gordos y desconcertados.
Ojalá que las reformas que se hacen para limitar la libertad de la presidente de la Corte Suprema sean para eficientar el sistema de justicia. Y no para que los diputados nombren a los jueces, como han venido haciendo con los maestros, los ingenieros, los obreros e incluso con los que chapean las carreteras y los que manejan los estancos de aguardiente de pueblos y aldeas.
Los diputados deben ser legisladores y no mujeres bonitas sin ideas, hombres oportunistas sin conocimientos constitucionales que lo único que buscan es llamar la atención. El congreso no es una pasarela de la mediocridad, sino que el concurso de los mejores talentos y las conductas cívicas más firmes para consolidar la institucionalidad y el respeto a la ley. Eso sería una vergüenza y una confirmación del porque estamos tan atrasados.



